"...otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende."

Que lindo compartir un cuento de Galeano con las mujeres de Ludueña en el taller de los miércoles. Que sensación hermosa cuando rescatan la figura del Pocho como un ejemplo de esos fuegos que encienden a quienes se le acercan, y que a pesar de la muerte que intentó apagarlo, sigue su llama tan viva como en sus años de militancia.
Mientras su ejemplo sea multiplicado por miles, continuando sus luchas -las del Pocho y las de tantos que encendieron sus fuegos locos- contagiando a tantos más; mientras eso sigamos multiplicando, siempre seguirá viva la llama de su fuego.

El mundo
Un hombre del pueblo Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
El mundo es eso- reveló-. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas.
Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.
(El Mundo - El libro de los abrazos, Eduardo Galeano)
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