17 noviembre, 2011

Hay que seguir andando.


Nos duele amigo, hasta los huesos,

y se endurecen nuestras entrañas,

por la injusticia, la cobardía,

nos va invadiendo la hipocresía.

Hay tanta bronca acumulada,

tanta traición disimulada

que se nos cierran hasta las manos

y el desencanto, nos va aquietando.

HAY QUE SEGUIR ANDANDO NOMAS...

HAY QUE SEGUIR ANDANDO

Muchos no están, hermano mío,

y el corazón siente el vacío

y corren lágrimas por nuestros rostros,

ellos están junto a nosotros.

Por el dolor, la voz callada,

que nos golpeó, que nos aplasta,

resiste el hombre que está enjaulado,

resiste el pueblo acribillado.

Que no se cieguen nuestras miradas

que nuestra historia no está cerrada.

Son nuestro llanto, nuestra alegría,

semilla abierta de nueva vida.

Al hombre nuevo Dios va creando,

con nuestro barro lo va engendrando.

POCHO camina a nuestro lado,

no tengas miedo, suma tu mano.

Su espíritu sigue impulsando

a este pueblo crucificado,

el pueblo libre será posible,

muchos testigos hoy nos lo dicen.

Angelelli, Oscar Romero, Carlos Mugica, mil compañeros,

su sangre canta en nuestras cuerdas,

este el tiempo del hombre nuevo.

(Carlos Scarinci)



Este es un tema que a Pocho le gustaba mucho; y es por eso que en el pasado encuentro del Taller de los miércoles, lo recordaron quienes militaban junto con él en Barrio Ludueña.

La propuesta era recordar canciones que nos gusten y nos identifiquen, y por supuesto, no faltó quien se acordara de Pocho Lepratti, quien hace diez años atrás andaba en ese mismo lugar donde hoy nos encontramos, aportando su grano de arena para la creación de otro mundo.

Se va acercando un nuevo aniversario de aquel 19 de diciembre de 2001, cuando el plomo quiso callar su grito. No pudo.

Diez años se van a cumplir. No lo callaron, y en cambio, su grito se multiplica todos los días.

En quienes intentamos continuar su lucha, multiplicando su ejemplo, y en las madres que todos los días se acercan al Centro Comunitario para seguir con lo que hacían junto a él.

Quizás como una forma de seguir andando. Quizás como una forma de no olvidar, y de hacer arder en esas ollas la memoria, hasta que todo sea como lo soñamos.


*La letra esta modificada por las mismas participantes del Taller

09 noviembre, 2011

Otro mundo



"...otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende."







Que lindo compartir un cuento de Galeano con las mujeres de Ludueña en el taller de los miércoles. Que sensación hermosa cuando rescatan la figura del Pocho como un ejemplo de esos fuegos que encienden a quienes se le acercan, y que a pesar de la muerte que intentó apagarlo, sigue su llama tan viva como en sus años de militancia.

Mientras su ejemplo sea multiplicado por miles, continuando sus luchas -las del Pocho y las de tantos que encendieron sus fuegos locos- contagiando a tantos más; mientras eso sigamos multiplicando, siempre seguirá viva la llama de su fuego.



El mundo

Un hombre del pueblo Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

El mundo es eso- reveló-. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas.

Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

(El Mundo - El libro de los abrazos, Eduardo Galeano)