26 diciembre, 2011

Despertar

Que oscuro!!que oscuro que esta todo!!y si... claro! si los tenes cerrados, cómo no va a estar oscuro!abrilos, abrilos, animate!!despertate, me dicen.

Entonces suavemente casi con ternura asediada por una curiosidad irrefrenable, impulsada por el sentido de la pura y simple verdad, esa que te conmueve , que te molesta , que te pica ,eso, sólo eso te lleva a tomar una determinación casi inconsciente.

Escucho una cascada, ruido de agua saltarina, agua transparente , agua cristalina, pero también escucho truenos de tormenta, y lluvia , una lluvia triste, una lluvia fría y copiosa.

Adulada y convencida por vaya a saber que tipo de motivación, de a poquito y temblorosamente largas , arqueadas y negras cortinas comienzan a abrirse . Y al principio cuesta despegarlos. Naturalmente...después de tanto tiempo del no movimiento , de la quietud de las sombras, acostumbrada a la pasividad de parpados cerrados, de la luz apagada, es de esperarse que cueste, al principio puede hasta que duela, al principio te marea , te impacta , te choca. La luz te atrapa iluminando todo , sorprendiendo un iris y dilatando una pupila . Ahora muevo todo el cuerpo adormecido, los miembros se despiertan impábidos y entusiasmados . La luz nos gusta , nos ilumina y de pronto descubrimos que la cascada no es cascada , es risa, y que la tormenta son gritos de gargantas indignadas y que la lluvia es llanto. De a poco, e inconscientemente casi por inercia ,me despierto , me desperezo , estiro las piernas , los brazos. Ya no me duelen los ojos y puedo ver las formas de un mundo que ahora es verdad , que ahora es tangible , que tiene cuerpo , que llora pero que también rie. Puedo ver los colores y puedo ver la alegría, pero también puedo ver lo injusto, lo triste.

Ya estoy despierto completamente , con los ojos abiertos de par en par.

Después de tanta noche el amanecer de un naranja imponente me busca, me encuentra , me acaricia.

Después de tanta noche, la mañana me susurra al oido verdades que no sabía pero que intuía, verdades que duelen, verdades q te llevan a vivir, a hacer, a luchar, a sonreir , a lagrimear.

Y dueño de este despertar hermoso y revelador, decidí despertar por siempre, decido que no hay sueño ni cansancio que cierre los parpados. Porque¿ cómo podría volver a dormir si ya ví , ya sentí y ya conocí , cómo volver a la sombra si la luz de luchar por un mundo más justo me prometio un futuro mejor , como ahogar en el mar de la duermevela aquellas risas de alegría y aquellos gritos de justicia?¿ cómo no despertar?

17 noviembre, 2011

Hay que seguir andando.


Nos duele amigo, hasta los huesos,

y se endurecen nuestras entrañas,

por la injusticia, la cobardía,

nos va invadiendo la hipocresía.

Hay tanta bronca acumulada,

tanta traición disimulada

que se nos cierran hasta las manos

y el desencanto, nos va aquietando.

HAY QUE SEGUIR ANDANDO NOMAS...

HAY QUE SEGUIR ANDANDO

Muchos no están, hermano mío,

y el corazón siente el vacío

y corren lágrimas por nuestros rostros,

ellos están junto a nosotros.

Por el dolor, la voz callada,

que nos golpeó, que nos aplasta,

resiste el hombre que está enjaulado,

resiste el pueblo acribillado.

Que no se cieguen nuestras miradas

que nuestra historia no está cerrada.

Son nuestro llanto, nuestra alegría,

semilla abierta de nueva vida.

Al hombre nuevo Dios va creando,

con nuestro barro lo va engendrando.

POCHO camina a nuestro lado,

no tengas miedo, suma tu mano.

Su espíritu sigue impulsando

a este pueblo crucificado,

el pueblo libre será posible,

muchos testigos hoy nos lo dicen.

Angelelli, Oscar Romero, Carlos Mugica, mil compañeros,

su sangre canta en nuestras cuerdas,

este el tiempo del hombre nuevo.

(Carlos Scarinci)



Este es un tema que a Pocho le gustaba mucho; y es por eso que en el pasado encuentro del Taller de los miércoles, lo recordaron quienes militaban junto con él en Barrio Ludueña.

La propuesta era recordar canciones que nos gusten y nos identifiquen, y por supuesto, no faltó quien se acordara de Pocho Lepratti, quien hace diez años atrás andaba en ese mismo lugar donde hoy nos encontramos, aportando su grano de arena para la creación de otro mundo.

Se va acercando un nuevo aniversario de aquel 19 de diciembre de 2001, cuando el plomo quiso callar su grito. No pudo.

Diez años se van a cumplir. No lo callaron, y en cambio, su grito se multiplica todos los días.

En quienes intentamos continuar su lucha, multiplicando su ejemplo, y en las madres que todos los días se acercan al Centro Comunitario para seguir con lo que hacían junto a él.

Quizás como una forma de seguir andando. Quizás como una forma de no olvidar, y de hacer arder en esas ollas la memoria, hasta que todo sea como lo soñamos.


*La letra esta modificada por las mismas participantes del Taller

09 noviembre, 2011

Otro mundo



"...otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende."







Que lindo compartir un cuento de Galeano con las mujeres de Ludueña en el taller de los miércoles. Que sensación hermosa cuando rescatan la figura del Pocho como un ejemplo de esos fuegos que encienden a quienes se le acercan, y que a pesar de la muerte que intentó apagarlo, sigue su llama tan viva como en sus años de militancia.

Mientras su ejemplo sea multiplicado por miles, continuando sus luchas -las del Pocho y las de tantos que encendieron sus fuegos locos- contagiando a tantos más; mientras eso sigamos multiplicando, siempre seguirá viva la llama de su fuego.



El mundo

Un hombre del pueblo Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

El mundo es eso- reveló-. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas.

Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

(El Mundo - El libro de los abrazos, Eduardo Galeano)